
Calambres a la hora de dormir, fatiga, cansancio, palidez extrema, dificultades para concentrarse y para recordar. Los dolores de cabeza se vuelven frecuentes y la piel, las uñas y el cabello se ven deslucidos. Cuando estamos anémicas, es decir, cuando nuestra sangre no tiene suficiente hemoglobina –una proteína dentro de los glóbulos rojos que transporta el oxígeno desde los pulmones hacia el resto del cuerpo–, tareas cotidianas como llevar a los chicos al colegio, ir a la oficina o hacer las compras pueden volverse misiones imposibles, tan difíles como empujar un elefante.
Ciertos hábitos como el consumo generalizado de té, café y mate atentan contra la fijación de hierro, porque inhiben su absorción. “Esto explica, entre otras cosas, porqué tantas mujeres padecen anemia en un país como la Argentina, donde se calcula un consumo anual de 50 kilos de carne por persona… Lo mejor es consumir estas infusiones y los lácteos alejados de las comidas principales"
“El hierro está presente en las carnes, especialmente en las rojas, así como en el huevo y algunas legumbres y vegetales, sobre todo aquellos de color verde oscuro, como la acelga, la espinaca y el brócoli. El hierro de origen vegetal se absorbe mucho menos que el de las carnes, por lo que un plato de lentejas o de espinaca no reemplaza a la carne vacuna”, precisa Marín. “Por suerte también existen alimentos que facilitan la absorción de hierro, como los cítricos, los tomates y otros que contengan vitamina C y B”, recomienda. En los supermercados pueden comprarse harinas, polentas y pastas secas fortificadas y leches con hierro que ayudan a elevar el consumo y depósito de este mineral en el organismo.
La deficiencia de hierro se detecta mediante un análisis de sangre denominado “ferritina sérica”, que mide los depósitos de este mineral del organismo, además de otros estudios que miden el hierro circulante en la sangre.
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